Durante más de un siglo, el acero al carbono corrugado tradicional ha sido el estándar indiscutible para armar estructuras de hormigón. En vigas, pilares y cimentaciones de grandes edificaciones funciona a la perfección. Sin embargo, cuando trasladamos este material a piezas prefabricadas de piedra artificial instaladas en exteriores, nos encontramos con un grave problema: la corrosión de la armadura.
En este artículo explicamos el proceso físico y químico por el cual el acero convencional puede destruir la piedra artificial desde dentro y por qué la protección tradicional no es suficiente en este tipo de piezas.
El reto de las secciones delgadas en exteriores
Para que el acero al carbono convencional no se oxide dentro del hormigón, necesita una capa protectora gruesa, lo que en edificación se conoce como recubrimiento de hormigón. En estructuras convencionales, se exigen entre 35 mm y 50 mm de grosor de hormigón alrededor de la varilla para aislarla de la humedad y del oxígeno.
En las piezas de piedra artificial para exterior, como vierteaguas, coronaciones de piscina, cubremuros, balaustres o peldaños, las secciones son necesariamente delgadas. En estos espesores reducidos resulta físicamente imposible mantener un recubrimiento tan elevado.
Al haber menos distancia entre la superficie y el armado, el agua, la humedad ambiental y el oxígeno terminan filtrándose a través de la porosidad natural del hormigón y alcanzando la varilla con el paso del tiempo.

La reacción en cadena: ¿por qué el óxido destruye la pieza?
Cuando el acero convencional entra en contacto con el agua y el oxígeno, se desencadena un proceso de oxidación. El problema no es únicamente que la varilla vaya perdiendo sección metalúrgica y resistencia; lo verdaderamente destructivo es la expansión volumétrica del óxido de hierro.
- Aumento de volumen: El óxido de hierro ocupa un volumen entre 2 y 6 veces mayor que el acero original.
- Presión interna: Al expandirse, la varilla actúa como una cuña metálica que presiona el hormigón desde el interior de la pieza.
- Fisuración y desconchado: Esta tensión interna supera la resistencia a tracción del hormigón, generando en primer lugar finas grietas superficiales que siguen la línea del armado.
- Rotura y manchas: Con el tiempo, la capa externa de piedra se desprende (desconchado), dejando la varilla totalmente expuesta y chorreando antiestéticas manchas de óxido sobre la fachada o el suelo.
Este fenómeno es la patología más frecuente y destructiva en la prefabricación de baja calidad instalada en intemperie.
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Lo que revelan las pruebas de laboratorio
En ensayos de exposición a ambientes salinos y húmedos realizados desde los años 70, las muestras armadas con acero al carbono convencional empezaban a mostrar signos evidentes de corrosión y pérdida de adherencia a los pocos meses de exposición.
Por el contrario, los materiales inoxidables y de última generación expuestos a las mismas condiciones extremas mantuvieron sus propiedades intactas durante décadas, incluso en casos donde el recubrimiento exterior de hormigón había sufrido daños mecánicos directos.
La filosofía de Predecat
En Predecat conocemos bien las patologías del hormigón en exteriores. El coste de reparar una pieza agrietada a los pocos años de su instalación (andamios, mano de obra, sustitución) es infinitamente superior al ahorro inicial de utilizar varilla convencional.
Por eso, hemos erradicado el acero al carbono de nuestras piezas para exterior y trabajamos exclusivamente con sistemas de armado inmunes a la corrosión.
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